|

IGNACIO ECHEVARRÍA
Mesa redonda: EL PENSAMIENTO CRÍTICO: IGNACIO ECHEVARRÍA Y HUGO ACHUGAR
martes 23 de mayo de 2006, 19:30 hs
Taller: LA CRÍTICA LITERARIA
miércoles 24 al viernes 26 de mayo de 2006, de 18 a 20 hs
-Como todas las actividades del CCE, ésta es gratuita; pero el cupo es limitado: enviar breve currículum y formulario de inscripciones (disponible haciendo click aquí y en Rincón 629), a inscripciones@cce.org.uy o a Rincón 629, antes del miércoles 17 de mayo
IGNACIO ECHEVARRÍA
Crítico literario durante quince años del suplemento Babelia de El País (España). Escritor, antólogo y compilador. Conferencista y docente en varios países del mundo, Echevarría separa la crítica literaria del reseñismo, al afirmar que no “abandonará la crítica literaria” en un sentido amplio, pero sí el reseñismo, “un híbrido entre periodismo y crítica”, marcado por las exigencias del medio.
HUGO ACHUGAR
Profesor Titular de Literatura Latinoamericana de la Universidad de la República, Uruguay. Director del Programa Políticas culturales: Estado y Sociedad Civil en tiempos de globalización, de la Fundación Rockefeller en la Universidad de la República, Uruguay. Ha realizado múltiples publicaciones en temas de crítica cultural, políticas culturales, literatura y cultura latinoamericanas. Ha sido profesor visitante en universidades de España, EEUU y Venezuela.
Sobre cultura, literatura y libertad de expresión
ENTREVISTA A IGNACIO ECHEVARRÍA
El malestar en la cultura
F.- Has acuñado un concepto muy sugerente que es el de “cultura de la Transición” frente a la “transición de la cultura”, y que nos remite al problema de fondo de la independencia y autonomía de la cultura con respecto a los poderes establecidos, o por el contrario como apéndice de ellos.
I.E.- Exactamente. En España, a raíz de la Transición, surgió una mutación en todos los órdenes, pero la transformación más profunda e irreversible se produce en el terreno de la cultura. Ocurrió un profundo cambio en el mundo de la cultura que, en la tradición española al menos desde la época de la Ilustración, había sido siempre liberal y se había enfrentado a los poderes fácticos del país. Pero con la subida de los socialistas al poder en el año 82 se produce una mutación en que la clase intelectual se incorpora a los mecanismos del poder. Y una cultura que era de formación básicamente crítica se convierte en una cultura aliada al poder (...) A la gente que tomó el poder cultural en los años 80 no les ha crecido ningún enano y no les ha salido ninguna contestación seria. Todo lo más, existen “francotiradores” tipo Marsé, Goytisolo… que han sabido renovarse y mantener su sitio pero desde círculos excéntricos al poder.
F.- ¿Por qué crees que ocurrió esto? ¿Por qué frente a las nuevas formas de poder que surgen en la Transición la cultura, en lugar en de rearmarse críticamente se acomoda a ellas?
I.E.- (...) La venalización y la corrupción de la clase intelectual de este país es tan absoluta, tan rápida y tan profunda que te hace dudar de todo. Incluso de una tradición cultural que había sido, durante dos siglos, empecinadamente opuesta al Estado (...) Lo que ocurrió a partir de la transición democrática es que hubo por primera vez una alianza del Estado con la cultura, con la clase cultural. La clase cultural en pleno, a partir de la llegada de los socialistas al poder se sintió aliada en un proyecto de Estado. Y lo increíble es que en apenas 4 años, porque no pasó más tiempo, una cultura heredera de una tradición de dos siglos de enfrentamiento al poder y a las formas del Estado, se instala en el poder, se instala en los órganos hegemónicos de influencia de opinión y de emisión de cultura. Y ahí se queda, acapara, y tapona la cultura del país.
F.- Sustituir la cultura por la fiesta, lo nuevo por lo último, ¿no es la expresión máxima de una frivolización cuya base sólo puede ser la dominancia de un pensamiento débil, que recorre desde la educación hasta los medios de comunicación pasando por el propio mundo cultural?
I.E.- Sí, en este sentido la consigna de la política cultural socialista fue la que consagró la palabra fiesta como la palabra fetiche de la cultura española. Se intentó conquistar una cultura popular en el sentido inverso al de una auténtica cultura popular (...) Y lo que nos ha pasado es la desarticulación de cualquier instancia crítica en lo político, en lo social o en lo cultural.
F.- ¿Y hasta qué punto esta pérdida de independencia está también relacionada con la creciente concentración de poder, la monopolización cada vez mayor del mundo editorial, mediático, etc en menos manos?
I.E.- (...) no se sabe qué es lo primero, si la gallina o el huevo. Es difícil saber si esa concentración tan bestial de poder es causa o consecuencia de la resignación y abdicación de toda una casta cultural que ha depuesto las armas hace 20 años. Cuando uno va a analizar lo que es El País o el grupo PRISA como estructura de poder cultural (...) piensa que esa concentración salvaje es la causa de la monopolización cultural. Pero también se pregunta si, más allá de los factores económicos de concentración del capital, habría sido posible de un modo tan unánime si previamente no hubiera habido una entrega absoluta de armas de una casta cultural que se rindió completamente a los beneficios que le reportaba estar en el periódico hegemónico de este país y que se fue corrompiendo con todo tipo de prebendas.
A. L.
(Extraído de la entrevista publicada en el número de octubre de la revista Foros 21)
ECHEVERRÍA ASEGURA QUE EL TEJIDO DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA ESTÁ DESMANTELADO POR LA 'PRÁCTICA SALVAJE' DE LAS EDITORIALES
El crítico Ignacio Echevarría aseguró en rueda de prensa que no existe una narrativa española contemporánea como tejido porque ha quedado "desmantelado por la práctica salvaje de las editoriales, que sólo buscan captar y pillar la novedad". Seis meses después de su carta pública de renuncia a seguir trabajando como reseñista de El País, publica 'Trayecto' (Debate) un recorrido crítico por la reciente narrativa española partiendo de más de setenta reseñas de novelas de autores españoles publicadas entre 1990 y 2005.
Echevarría, crítico del suplemento de libros de 'Babelia' durante quince años, se despidió de sus lectores y del periódico en el que escribía con una carta abierta a Lluís Bassets, director adjunto de dicho diario, en donde alegaba "censura" y "vulneración interesada" de su derecho a la libertad de expresión, para marcharse del citado medio.
RESEÑISTAS "INCOMPETENTES"
Asegura que su etapa dentro del reseñismo español está "agotada"y reconoce que lo que le ha pasado en El País podía haberle ocurrido en cualquier otro medio español. "El reseñismo lo veo espantosamente mal, está en manos de unos incompetentes y de gente resignada a no ofrecer confrontación a la sinergia editorial".
Echevarría separa la crítica literaria del reseñismo, para afirmar que no "abandonará la crítica literaria" en un sentido amplio, pero sí el reseñismo, "un hibrido entre periodismo y crítica", marcado por las exigencias del medio.
En el prólogo del libro, Ignacio Echevarría realiza un amplio análisis de los cambios que se produjeron en la narrativa española en la década de los ochenta y de cómo se impuso una nueva "legalidad" cultural que la llevó a desertar tanto de su tradición más combativa como de la exigencia crítica con respecto a la sociedad.
Explicó que 'Trayecto' es un libro sobre la crítica española en el que priman dos criterios: la representatividad , articulando una pequeña historia de la narrativa española en base a sus reseñas, y la diversidad, incluyendo distintas formas de hacer crítica literaria (positivas, negativas, ambiguas, políticas, etc.)."En el prólogo explico mi punto de partida, cuál es mi cultura literaria y cuál es mi percepción de la narrativa española", argumentó.
ZAFÓN Y EL CÓDIGO DA VINCI
En este sentido, apuntó que el crítico literario debería realizar una función social de orientador en la lectura, que la mayoría de la veces queda en entredicho por la presión de las empresas editoriales. "La mayoría de los críticos son pésimos, pero exigir a la crítica un certificado académico para poder ejercer es una imbecilidad", agregó este autor, licenciado en Filología española. Respecto a su visión general de la narrativa actual, Echevarría señaló que sobran autores "por un tubo" y sobra también "confusión" entre lo que es literatura para masas y alta cultura. En esta literatura para masas incluyó libros como 'La sombra del viento' de Ruiz Zafón o 'El código Da Vinci'.
"Leer a Daw Bromn no es algo bueno , puede ser incluso hasta peligroso y a lo mejor tenemos que reformar el sistema educativo y levantar tanta imbecilidad", indicó este crítico literario, a quien confesó que tampoco le interesa "nada" el libro de Ruiz Zafón. "El peligro es la invasión de la cultura de masas en la alta cultura; que nos quieran dar gato por liebre. La alta cultura cumple una función completamente distinta a la de la cultura de masas.", agregó.
A pesar de todo, Echevarría salva de la criba a una veintena de autores españoles a los que hay que seguir apoyando y merece la pena leer como Javier Marías, Sánchez Ferlosio, Alvaro Pombo o Belén Gopegui.
(Recogido por el sitio web www.hispavista.com)
|